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01_ARQUITECTURAS Y OBJETOS PREFABRICADOS, _ALOJAMIENTO TEMPORAL

Hotel Aire de Bárdenas. Emiliano López_Mónica Rivera. Tudela (Navarra). 2004-2007.


Hotel Aire de Bárdenas. Vista general

Hotel Aire de Bárdenas. Planta general

Hotel Aire de Bárdenas. Vista exterior

El parque natural de las Bárdenas Reales se sitúa en el sureste de Navarra, en el centro de la depresión del Valle del Ebro. Este paraje de belleza salvaje es declarado también reserva de la biosfera por la UNESCO. Un territorio caracterizado por la erosión de sus suelos de arcillas, yesos y areniscas que han esculpido caprichosas formas creando un mundo de apariencia casi lunar poblado de barrancos, mesetas planas y cerros solitarios. Este es el contexto en el que se desenvuelve el proyecto desarrollado por el estudio López-Rivera.

El encargo realizado en 2004 por la empresa Aire de Bárdenas, decide construir el primer hotel de 4 estrellas en Navarra. Todo un ejercicio de reflexión en torno al lugar que ocupa, y donde se desenvuelve.

En medio de este imponente paisaje y con una presencia casi constante de fuerte viento, el hotel se concibe como una sucesión de espacios interiores protegidos y confortables para contemplar el exterior. Se desarrolla en planta baja y cuenta con 22 habitaciones, de las cuales 13 disponen de un jardín privado. En su implantación el hotel guarda las formas de las construcciones nobles de la Ribera desarrolladas en torno a un patio central, ofreciendo así protección climatológica del lugar, al mismo tiempo busca dialogar con el paisaje, captar los lugares de agrado desde el interior. Así este patio formado por una serie de construcciones ortogonales, da la espalda al Cierzo y se abre a sureste donde se proyecta un bosque de chopos y la piscina. El edificio se compone de una serie de estructuras sencillas, monocromáticas y cúbicas, todas ellas prefabricadas. Su posición dispersa permite ver a través de los espacios intersticiales, minimizando una apariencia masiva y generando un juego de luces y sombras. El límite entre el lugar y lo construido en ocasiones es inapreciable, una valla horizontal compuesta por las cajas utilizadas durante la recolecta de cerezas, son la única separación física entre el manto de trigo y el proyecto.

A través de un cultivo ordenado de cerezos, se accede al cuerpo principal del conjunto que alberga las zonas comunes – recepción, salón principal, sala de juntas, bar y restaurante- y 10 habitaciones con patio propio y árbol frutal. El resto de habitaciones son pabellones exentos con grandes ventanas proyectantes que miran hacia el campo. A estas habitaciones se accede mediante una pasarela exterior, dotándolas de un carácter privado y privilegiado por estar adentradas en pleno paisaje. Los espacios exteriores trasladan las formas, colores y vegetaciones características del desierto bardenero y de los campos de regadío: siembras de árboles y de trigo, huertos de verdura y la colocación dispersa y aislada de plantas aromáticas como el romero y tomillo. Las superficies exteriores se recubren de tierra granítica drenante de la zona y de canto rodado grande extraído del solar que perimetralmente delimita el recinto del cultivo de trigo.

La misma piedra de menor tamaño se utilizó también como árido pulido visto para los pavimentos de hormigón, tanto en el interior como en el exterior, resultando en un acabado cercano a los suelos del desierto bardenero. La arquitectura, los interiores y los jardines buscan acercar al visitante al carácter rural y a la belleza del austero paisaje circundante, ofreciendo ambientes despejados, sencillos y silenciosos de descanso y confort.

Para enfatizar la idea de las habitaciones como miradores protegidos, creamos unas ventanas salientes sin el marco de la carpintería visible desde el interior. La profundidad de la ventana se exagera y se reviste interiormente de madera contrachapada para ser ocupadas. Este revestimiento esconde el marco de la carpintería y las cortinas tamizadoras y oscurecedoras enrollables que bajan motorizadas. La ventana se percibe como un simple hueco sin vidrio que crea una falsa percepción de grosor, no inherente a la construcción ligera utilizada.

Estas ventanas salientes, a veces ‘charladeras’, se convierten en rincones para leer, ver la TV (integrada en los laterales) o contemplar el exterior. Cumplen también la función de sofá y de cama supletoria. Se orienta principalmente a noreste para ver el paisaje iluminado sin recibir el sol directo.

Documentación bibliográfica:

– MÁRQUEZ CECILIA, Fernando_LEVENE, Richard. Experimentos colectivos: arquitectos españoles 2010. Madrid: El corquis editorial, 2010.

http://www.lopez-rivera.com

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Acerca de Sergio Mota

Estudiante de Arquitectura en la Universidad de Sevilla.

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