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CURSO 2011-12

PALLASMAA, Juhani: Los ojos de la piel. La arquitectura de los sentidos


PALLASMAA, Juhani: Arquitectura retiniana y la pérdida de la plasticidad, Una arquitectura de imágenes visuales.

En Los ojos de la piel. La arquitectura de los sentidos. Barcelona: Editorial Gustavo Gili. 2010. pp. 25-30

Serrano Fajardo, Javier

En estos capítulos, Pallasmaa nos habla de dos posiciones contrarias en la arquitectura a lo largo del tiempo. Por una parte, el carácter corporal de la arquitectura de las culturas tradicionales, y por otra, la importancia de la vista y el ojo en detrimento del resto de los demás sentidos a la hora de la creación en el movimiento moderno. En esta última, “el ojo conquista su papel hegemónico en la práctica arquitectónica sólo de una manera gradual con la aparición de la idea de un observador incorpóreo.” Nos está diciendo el autor que es este alejamiento de la persona respecto a lo observado la causa de llevar el sentido de la vista al máximo nivel de “conocimiento”, debido esto también, a las extensiones tecnológicas del ojo y la proliferación de imágenes.

El sentido de la vista se hace predominante en el movimiento moderno, hecho que podemos conocer gracias a varios escritos de Le Corbusier -“Sólo se necesita ver claramente para entender”-, Mies o Gropius -“Él tiene que adaptar el conocimiento de los hechos científicos a la óptica y obtener así un fondo teórico que guiará su mano para dar forma y crear una base objetiva”. Sin embargo, todos ellos tenían cualidades que los alejaban del carácter exclusivamente visual en sus arquitecturas, como  el sentido de la plasticidad, la materialidad, la gravedad, el orden o el detalle.

La ciudad contemporánea es cada vez más la ciudad del ojo, separada del cuerpo. Y su arquitectura, sobretodo en los últimos treinta años, ha venido buscando una imagen visual llamativa y memorable. Pallasmaa nos habla de “adoptar la estrategia psicológica de la publicidad”, donde los edificios se han convertido en productos-imagen. Como consecuencia de esto, la arquitectura contemporánea aparece como la búsqueda de formas y arte que sean capaces de contentar y complacer al ojo, donde la propia mirada se aplana y pierde su plasticidad, esa cualidad que tiene de reconocer texturas y tectonicidad. Con la pérdida de esta dimensión plástica del ojo, los edificios se vuelves planos, inmateriales e irreales; se convierten las obras arquitectónicas en “decorados para el ojo”.
Podemos relacionar estas ideas de Pallasmaa con una realidad que hemos vivido hasta hace muy poco, la imposición de la marca y el espectáculo como tótems absolutos. No cabe duda de que hemos sufrido una fiebre “modernizadora” a manos de arquitecturas estelares utilizadas como hitos simbólicos que pretendían mejorar la competitividad de las ciudades que las demandaban. Este tipo de arquitectura parecían responder a esa búsqueda de formas capaces de complacer al ojo. Hablamos de edificios icónicos, de construir un Foster, un Nouvel, en definitiva, una marca a mi parecer.

En España tenemos innumerables casos de hitos arquitectónicos. Podemos mencionar la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Calatrava, como la sucesión de estructuras caprichosas y sin carácter funcional explícito, en mi opinión, el caso de Santiago de Compostela y la Ciudad de la Cultura de Eisenman, donde se propuso la construcción de una nueva ciudad en un monte próximo en lugar de poner en valor los numerosos monumentos de su casco histórico o la Exposición Internacional del Agua de Zaragoza, donde el principal hito arquitectónico es el puente-pabellón diseñado por Zaha Hadid (6 meses de funcionamiento, 3 años cerrado, sin uso conocido, 35 millones de euros).

Este empleo de cierta arquitectura de marca con la que se ha pretendido poner en valor la ciudad, ha derivado en reafirmar y considerar esa idea de arquitectura de marca como válida, a mi parecer, y esto ha hecho que la arquitectura haya entrado en ese juego de la producción casi comercial, a favor exclusivamente del ojo y en detrimento del resto de sentidos.
En mi opinión, el papel hegemónico del ojo y esta producción de arquitectura – espectáculo tiene un efecto positivo, y es el interés y la expectación que ha generado y genera en un público muy amplio que antes tenía un interés muy limitado, o simplemente no tenía, por la arquitectura. Lo que habría que conseguir, una vez despertado ese interés por la arquitectura, es inculcar unos criterios que vayan más allá de la sorpresa y el espectáculo ante un edificio muy vistoso, y empiecen a interesarse por cuáles son los rendimientos, la función y la finalidad a la que tiene que responder la arquitectura.

Serrano Fajardo, Javier  17_01_2012

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