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CURSO 2011-12

Rusell, James S.: “La casa moderna en el mercado del arte”. En AV Monografías. “La casa natural”. Octubre 2007, Nº 127. Madrid: Arquitectura Viva. 2007. pp. 116-125.


¿Se puede concebir la vivienda de los grandes arquitectos del siglo XX como un objeto susceptible de ser subastado al estilo de las grandes obras de arte de la cultura moderna? En torno a esta pregunta gira el artículo de James S. Russell, uno de los más importantes autores de la crítica de arquitectura en Estados Unidos.

En mayo de 2008  se subasta la casa Kauffmann, diseñada por Richard Neutra en 1946, alcanzando un valor de 19 millones de dólares estadounidenses. Este acontecimiento da pie a la redacción del artículo, donde el autor pone en crisis la brecha que los arquitectos denominados “del movimiento moderno” intentaron crear entre la arquitectura y el arte en general. Para los arquitectos esta brecha existe y está justificada, sin embargo, las personas ajenas a la profesión, ¿creen que la arquitectura es un arte? probablemente sí. La subasta de la casa Kauffmann lo demuestra.

Y es que, en las primeras líneas del artículo, el propio autor explica las sensaciones que la casa Kauffmann produjo en él durante su primera visita: “me quedé inmóvil; el plano horizontal del techo condujo mi mirada hacia el exterior, atravesando un invisible velo de vidrio, hasta llevarla al rectángulo azul de la piscina, situada en un jardín desértico de rocas y cactus espinosos”. ¿Acaso no quisieran los más laureados pintores contemporáneos y, también los modernistas, dejar inmóvil a alguien al ver una de sus pinturas?, ¿dónde radica la diferencia entre la arquitectura y el resto de las artes? ¿por qué se venden, y se intentan vender viviendas, como si de piezas culturales se tratasen? ¿han influido en esto los propios arquitectos?

El artículo demuestra el interés en aumento hacia este tipo de “piezas” con aportaciones de los directores de las propias casas de subastas, y con el precio del valor de las obras, cada vez más alto (en el año 2000 se subastó la casa Farnsworth de Mies Van der Rohe por 7,5 millones de dólares, casi una tercera parte que obra de Neutra). Russell justifica estos hechos con un “cambio en las actitudes culturales (…) de compradores con mucho mundo, guiados por sus específicos intereses personales, unidos por internet”. Sin embargo, señala directamente a los artistas, que introducen en sus obras el concepto de espacio, provocando un inevitable enlace con la arquitectura.

¿Cómo afecta el mercado del arte a la arquitectura, y particularmente, a la vivienda? Para el arquitecto Leo Marmol está provocando un efecto positivo, pues considera que se está creando una consciencia hacia el diseño, y con ello, un interés por la conservación del patrimonio arquitectónico del siglo XX, muy poco valorado por el público en general. Pienso que lleva razón, pero se me viene a la cabeza inevitablemente una cuestión, ¿podría salpicar esta consciencia a la vivienda actual? Si se genera un panorama, en el que todo el mundo quiere hacer de sus viviendas una obra de arte, sí. Se estarían perdiendo muchos conceptos de los fundamentos del habitar actual. Pienso que la confirmación del buen proyecto de arquitectura se produce con el paso de los años, cuando ha sido habitado, cambiado y modificado, por aquellos para quienes ha sido creado. ¿Qué pasaría si una vivienda estuviera intacta veinte años después de la finalización de las obras? Que algo ha fallado. La buena arquitectura es capaz de adaptarse al paso de los años, asumiendo los cambios que la sociedad, y particularmente sus habitantes, han creado en ella.

La vivienda prefabricada adquiere un importante valor en este mercado, aportando un concepto todavía más distorsionado. La Maison Tropicale de Jean Prouvé, un prototipo para el Congo,  fue subastada en 2006 con la ventaja de que podía ser “desmontada y vuelta a erigir en cualquier lugar, como si se tratase de una escultura o de una pieza decorativa”. En este momento, la arquitectura pierde toda su teoría, la de ser insertada en un espacio concreto, bajo unas condiciones particulares, y para un uso concreto. ¿Podemos hacer la misma arquitectura en el Congo que en cualquier otro país? No.

En definitiva, la arquitectura no puede entenderse a la vez como un objeto estético y como un lugar para vivir. El diseño forma parte de una serie de factores que hay que tener en cuenta  por igual, para crear un proyecto. Si alguno de estos factores se desarrolla más que otro, u otro factor menos que los demás, la arquitectura empieza a mostrar carencias y el proyecto terminará siendo insostenible. Coincido con el autor en la última frase del artículo, en relación a la vivienda moderna, “bienvenidos sean los altos precios si no privan a la arquitectura de su principal función: hacer lugares para vivir”.

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