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CURSO 2011-12

Quetglas, Josep: “Solo los torpes viajan a ver arquitectura”; En Scalae Carme Pinós; noviembre 2003; 1696-3288; Barcelona: Scale, Scalae


Josep Quetglas (Mallorca, 1946) arquitecto, catedrático de la Universidad Politécnica de Cataluña

“solo los torpes viajan a ver arquitectura” 

Así de contundente se muestra Josep Quetglas cuando habla de los que viajan para ver arquitectura. Una afirmación que puede resultar un tanto violenta y provocadora, más aún cuando sale de la boca de un arquitecto. Es por todos conocida la estrecha vinculación existente entre la figura del arquitecto y la experiencia de viajar, grandes como Le Corbusier lo hicieron y hoy día se torna casi en una “obligación” para cualquier arquitecto que se precie. Pero antes de nada, veamos cuales son los motivos que le llevan a tal pensamiento.

Quetglas distingue entre dos tipos: aquellos que viajan por el simple hecho de ser vecinos de aquello que los demás van a visitar o ser uno mismo el viajero a otra ciudad (en este último tipo es en el que se encontrarían los arquitectos).

Los primeros lo hacen llamados por el despliegue propagandístico que se crea alrededor de una obra conocida. El autor compadece a estas personas que creen encontrar la esencia de la arquitectura de esta forma, con las guías y planos que les proporcionan y buscando la réplica de una foto que ya tienen. De otro lado, los arquitectos, aquellos a los que, según el autor, les deberían bastar unas buenas plantas, alzados y secciones para conocer plenamente una arquitectura, sin necesidad de ir a verla, pues es precisamente esa lectura, la que diferencia a los arquitectos del resto.

Como excepción a la regla admite la peregrinación, pero en clave de admiración y de agradecimiento, no con la intención de querer conocer mejor la obra, pues esto anularía lo primero. Se trataría de vivir la arquitectura en su entorno, propone que mejor en silencio y sin compañía, solo experimentarla.

Como nota personal a las palabras de Quetglas, las cuales creo con fundamento, hacer una crítica al respecto. Me alejaría, en principio, de una regla en la que la generalización se lleva al extremo. Si bien las ideas no me parecen desmesuradas (con algunas matizaciones) si creo que no son estas palabras (“solo los torpes viajan a ver arquitectura”) las que mejor definen este pensamiento.

No tengo nada que objetar respecto al hecho de que muchas obras de arquitectura son explotadas como elementos de interés turístico y la imagen que se vende de ellas no corresponde (en la mayoría de los casos) al verdadero significado de esa obra. Multitud de personas viajan todos los días a ver edificios de los que nunca llegarán a apreciar su complejidad y, sin embargo, se creen conocedoras simplemente por el hecho de haber estado allí. Pero, de otro lado, la negación al hecho de viajar , por parte del autor, no me parece nada acertada. Si comparamos la arquitectura con cualquier otro arte, póngase como ejemplo la pintura, puedo decir, como experiencia propia que, aunque no goce de un entendimiento adecuado sobre esta materia, si que disfruto de ella de una forma digamos “menos pragmática”, una pintura es capaz de crearme una determinada sensación, incluso provocarme diferentes estados de humor. Pues al igual que esto, creo que la arquitectura tiene ese poder sobre el hombre, es más, tiene un carácter más arrollador, pues aspectos como el espacio o la luz, de vital importancia en la arquitectura, son para ser vividos.

En cuanto a la alusión que se hace sobre los arquitectos, mi crítica viene en el mismo sentido, si bien es cierto que un arquitecto debe conocer a la perfección una obra sin necesidad de verla, solo con su planimetría, no menos cierto es que la arquitectura no se reduce solo a unos dibujos sobre un papel, la arquitectura, pienso, es necesaria vivirla para conocerla en toda su profundidad. No es la intención de querer aclarar ciertos aspectos lo que debe llevar al arquitecto a visitar una arquitectura, sino el experimentar lo que ella transmite a cada uno  y, por supuesto, la propia admiración (en lo que si coincido con Quetglas), el simple reconocimiento a una obra.

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