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05_FRAGMENTOS CRÍTICOS

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Fragmentos críticos 4. Juhani Pallasmaa. Los ojos de la piel.


El tacto es la modalidad sensorial que integra nuestra experiencia del mundo con la de nosotros mismos. Incluso las percepciones visuales se funden e integran en el continuum háptico del yo; mi cuerpo me recuerda quién soy y en qué posición estoy en el mundo.(…).

Es evidente que la arquitectura “enriquecedora” tiene que dirigir todos los sentidos simultáneamente y fundir la imagen del yo con nuestra experiencia del mundo. El fundamental cometido mental de la arquitectura es el alojamiento y la integración. La arquitectura articula las experiencias del ser-en-el-mundo y fortalece nuestro sentido de realidad y del yo; no nos hace vivir en mundos de mera invención y fantasía.

(…)

Al trabajar, tanto el artista como el artesano se ocupan más directamente con sus cuerpos y sus experiencias existenciales, más que centrarse en un problema externo y objetivado. Un arquitecto sabio trabaja con todo su cuerpo y sentido del yo. Al trabajar sobre un edificio o un objeto, el arquitecto simultáneamente se dedica a una perspectiva inversa, su propia imagen; o, más exactamente, su experiencia existencial. En el trabajo creativo tiene lugar una poderosa identificación y proyección; toda la constitución corporal y mental del hacedor se convierte en el emplazamiento de la obra.(…).

Normalmente, el ordenador se considera una invención únicamente beneficiosa que libera la fantasía humana y que facilitara un trabajo de proyecto eficiente. Me gustaría expresar mi seria preocupación al respecto, al menos en lo que se refiere al actual papel del ordenador en el proceso de proyecto. Las imágenes por ordenador tienden a aplanar nuestras magnificas, multisensoriales, simultáneas y sincrónicas capacidades de imaginación al convertir el proceso de proyecto en una manipulación visual pasiva, un viaje de la retina. El ordenador crea una distancia entre el autor y el objeto, mientras que el dibujo a mano, así como la confección de maquetas, colocan al proyectista en un contacto háptico con el objeto o el espacio. En nuestra imaginación, el objeto se sujeta con la mano y se mantiene simultáneamente dentro de la cabeza, y nuestros cuerpos modelan la imagen figurada y proyecta físicamente. Estamos dentro y fuera del objeto al mismo tiempo. La obra creativa exige identificación empatía y compasión corporales y mentales.

Pallasmaa, Juhani. Los ojos de la Piel. La arquitectura de los sentidos. Barcelona: Ed. G.Gili 2006, pp. 10-12. (1º ed. Chichester: Wiley Academy, 2005).

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Fragmento crítico 3. Richard Sennett. El Artesano.2008.


Fragmento de “El Artesano” de Richard Sennett, del capítulo número uno “El artesano atribulado”, dentro del subcapítulo “La fractura de las habilidades. División entre la mano y la cabeza”.

“Un ejemplo de este mal uso tiene lugar en el CAD (diseño asistido por ordenador), programa de software que permite a los ingenieros diseñar objetos físicos y a los arquitectos generar en pantalla imágenes de edificios.(…). Permite modelar al instante productos que van de tornillos a automóviles, especifica con precisión su ingeniería y dirige su producción real. En el trabajo arquitectónico, sin embargo, esta tecnología necesaria encierra también el peligro de mal uso.

En el campo arquitectónico, el diseñador establece en pantalla una serie de puntos; los algoritmos del programa conectan los puntos para formar una línea, en dos o en tres dimensiones. El diseño asistido por ordenador se ha hecho prácticamente universal en los estudios de arquitectura por su rapidez y precisión. Entre sus virtudes está la capacidad para rotar imágenes, de modo que el diseñador puede ver la casa o el edificio de oficinas desde muchos puntos de vista. A diferencia del modelo físico, el modelo de pantalla puede ser rápidamente alargado, encogido o dividido en partes.(…)

¿Cómo es posible hacer mal uso de una herramienta tan útil? Cuando el CAD se incorporó a la enseñanza de la arquitectura para sustituir el dibujo a mano, una arquitecta joven del MIT observó que «cuando dibujas un terreno, cuando colocas en él las líneas de nivel y los árboles, se te queda grabado en la cabeza. Llegas a conocer el lugar de una manera que resulta imposible con el ordenador… El conocimiento de un terreno se adquiere trazándolo una y otra vez, no dejando que el ordenador lo “regenere” para ti». No se trata de nostalgia: la observación de esta arquitecta señala lo que se pierde mentalmente cuando el trabajo de pantalla sustituye al dibujo físico. Lo mismo que otras prácticas visuales, los esbozos arquitectónicos son a menudo imágenes de posibilidades; en el proceso de plasmación y perfeccionamiento a mano de estos esbozos, el diseñador se comporta precisamente como un jugador de tenis o un músico, esto es, se implica profundamente en él, madura el pensamiento acerca del mismo. El terreno, como observa esta arquitecta, «se te queda grabado en la mente».

El arquitecto Renzo Piano explica su propio procedimiento de trabajo en estos términos: «Comienzas por un bosquejo, luego haces un dibujo, después produces un modelo y finalmente vas a la realidad -vas al terreno específico- para volver luego a dibujar. Creas una especie de circularidad entre dibujar y hacer». En lo que respecta a la repetición y la práctica, Piano observa: «Esto es muy típico del enfoque artesanal. Piensas y haces al mismo tiempo. Dibujas y haces. El dibujo… es revisado. Lo haces, lo rehaces y lo vuelves a rehacer.» Esta cautivante metamorfosis circular puede quedar abortada por el CAD. Una vez establecidos los puntos en la pantalla, los algoritmos se ocupan de trazar el dibujo; el mal uso depende de que el proceso sea un sistema cerrado, una relación estática entre medios y fines, pues en ese caso desaparece la «circularidad» de la que habla Piano. El físico Víctor Weisskopf dijo una vez a los estudiantes del MIT que trabajaban exclusivamente con experimentos informatizados: «Cuando me mostráis ese resultado, el ordenador comprende la respuesta, pero no creo que vosotros la comprendáis.»45

El diseño asistido por ordenador encierra peligros particulares cuando se trata de pensar edificios. Dadas las capacidades de la máquina para borrar y redibujar de manera instantánea, observa el arquitecto Elliot Félix, «cada acción es menos sistemática de lo que sería en el papel…, menos cuidadosamente meditada». Este peligro se puede evitar volviendo al dibujo a mano; más difícil de contrarrestar es el problema de los materiales de que está hecho un edificio(…): lo que aparece en pantalla, encuadrado con una unificación como nunca se da en la visión física, tiene una coherencia inverosímil.
(…)
Lo táctil, lo relacional y lo incompleto, son experiencias físicas que tienen lugar en el acto de dibujar. El dibujo representa una gama más amplia de experiencias, lo mismo que la escritura, que abarca la revisión editorial y la reescritura, o que la ejecución musical, que comprende la repetida exploración de las misteriosas cualidades de un acorde determinado. Lo difícil y lo incompleto deberían ser acontecimientos positivos en nuestra comprensión; deberían estimularnos como no pueden hacerlo la simulación ni la fácil manipulación de objetos completos. La cuestión —me gusta insistir en ello— es más complicada que la simple oposición de la mano y la máquina(…). Por esta razón Renzo Piano, diseñador de objetos muy complicados, vuelve, en un proceso circular, a dibujarlos a mano a grandes rasgos. Los abusos del CAD ilustran cómo, cuando la cabeza y la mano se separan, la que sufre es la cabeza.”

SENNETT, Richard. El artesano. Barcelona: Ed. Anagrama, S.A., 2009. Trad. Almarini, Marco Aurelio. Ed. original: The Craftsman. Yale University Press. New Haven, 2008. pp. 55-61.

FRAGMENTOS CRÍTICOS 2 – noviembre 2015


La Segunda Parte del libro de Jane Jacobs MUERTE Y VIDA DE LAS GRANDES CIUDADES, está dedicado a Las condiciones para diversidad urbana. Se inicia esta parte con el capítulo 7, titulado Los generadores de la diversidad, del que extraemos los siguientes párrafos:

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“Es fácil caer en la trampa de considerar los usos de una ciudad cada uno por separado, por categorías. De hecho, el hacer esto -analizar las ciudades uso por uso- se ha convertido en la táctica habitual para urbanizar. Las conclusiones de distintas categorías de usos se juntan entonces en un marco amplio y global (…)

Para entender una ciudad hemos de ocuparnos abiertamente, como su manifestación esencial, de las combinaciones o mezclas de usos, no de estos por separados (…) Es característico el hecho de que, cuanto más grande es una ciudad, mayor es tanto la variedad de su actividad fabril, como el número y proporción de sus pequeños fabricantes… las grandes empresas tienen mayor autosuficiencia que las pequeñas, son capaces de cubrir por sí misma la mayoría de sus necesidades de mano de obra cualificada y equipo, pueden almacenar ellos mismo y, finalmente, pueden vender a mercados más amplios y buscarlos donde haga falta. No necesitan radicar en las ciudades y, aunque a veces les sea más ventajoso instalarse en ellas lo normal es lo contrario. Pero para los pequeños industriales es exactamente lo contrario… Dependientes de una enorme variedad de otras empresas urbanas, añaden a su vez algo a esa diversidad. Esto último es importante: la diversidad urbana origina, permite y estimula más diversidad (…)

La diversidad, de cualquier clase, generada por las ciudades se fundamenta en el hecho de que en éstas hay muchas personas muy juntas, y entre ellas reúnen muchos gustos, conocimientos, necesidades, preferencias, provisiones y comeduras de coco.

Incluso los establecimientos más sencillos compuestos por el propietario y un empleado -ferreterías, quioscos, tiendas de golosinas y bares-, pueden florecer en número y presencia en los distritos urbanos animados, porque hay gente suficiente para mantenerlos en cortos y cómodos intervalos; a su vez esta comodidad y esta cualidad interpersonal vecinal es en buena parte el género que venden estos establecimientos. En cuanto dejan de ser frecuentados en cortos y cómodos intervalos, pierden activo. En un determinado ámbito geográfico, la mitad de la gente no mantendría la mitad de empresas semejantes repartidas en el doble de terreno. Cuando surge la incomodidad de la distancia, los establecimientos pequeños, diversificados y personales se marchitan (…)

En un asunto tan sencillo para la amenidad y diversidad urbana como son los restaurantes interesantes, el millón y medio de habitantes del Bronx no son capaces de generar uno…

(…) Sin embargo, podemos descubrir fácilmente las condiciones que generan la diversidad urbana si observamos con atención los lugares donde florece esa diversidad y estudiamos las razones económicas que la hacen nacer en dichos lugares (…) Para generar una diversidad exuberante en las calles y distritos de una ciudad son indispensables cuatro condiciones:

Primero, el distrito, y sin duda cuantas partes del mismo como sean posibles, ha de cumplir más de una función primaria; preferiblemente, más de dos. Éstas han de garantizar la presencia de personas que salen de sus hogares en horarios diferentes y que están allí con fines distintos, pero capaces de usar muchos equipamientos en común.

Segundo, la mayoría de las manzanas han de ser pequeñas, es decir, las calles y las ocasiones de doblar esquinas deben ser abundantes.

Tercero, el distrito ha de mezclar edificios de distintas épocas y condiciones, incluyendo una buena proporción de casas antiguas, de forma que presenten una gran variedad en su rendimiento económico. Esta mezcla ha de ser necesariamente bastante compacta.

Cuarto, ha de haber también una concentración humana suficientemente densa, sean cuales fueren los motivos que los lleven allí. Esto requiere una densa concentración de personas presentes en dichos lugares por ser su residencia habitual”

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Jane Jacobs dedica los capítulos 8, Necesidad de la combinación de usos primarios; 9, Necesidad de manzanas pequeñas; 10, Necesidad de edificios antiguos y 11, Necesidad de concentración, a desarrollar estas cuatro condiciones indispensables para la diversidad urbana. No menos interesante es el último capítulo que concluye esta segunda parte de su libro Muerte y vida de las grandes ciudades, titulado Algunos mitos sobre la diversidad.

 

FRAGMENTOS CRÍTICOS 1 – octubre 2015


Iniciamos una nueva actividad. Bajo la categoría FRAGMENTOS CRÍTICOS extraeremos párrafos de un libro para el estudio, reflexión y opinión crítica a través de nuestro blog del tema que se propone.

Siendo ésta una actividad docente del curso 2015-16 (grupos 4,03 y 4.04 de la ETSA de Sevilla), esperamos también la participación de todos aquellos que deseen opinar crítica y constructivamente sobre el texto propuesto, estableciendo relaciones con otras líneas de pensamiento.

En este primer cuatrimestre propondremos tres FRAGMENTOS CRÍTICOS de un mismo libro (octubre, noviembre y diciembre). El elegido es el libro de Jane Jacobs MUERTE Y VIDA DE LAS GRANDES CIUDADES, texto original de 1961; estos fragmentos están tomados del editado por Capitan Swing de la colección “Entrelíneas” (3ª ed., junio 2013):

 

Jane Jacobs dedica los tres primeros capítulos de su libro al uso de las aceras. De los capítulos 1 y 2 extraemos el siguiente fragmento crítico (la lectura completa de ambos capítulos ayudará a comprender el sentido de estos fragmentos)

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“Las calles de las ciudades sirven para muchas cosas aparte de para transportar vehículos; y las aceras de las ciudades –la parte peatonal de las calles- sirven para muchas cosas aparte de para transportar peatones. Estos usos están en estrecha relación con la circulación, pero no son idénticos a ella y son, por derecho propio, al menos, tan básicos como la circulación para el buen funcionamiento de las ciudades.

(…) Las calles y sus aceras, los principales lugares públicos de una ciudad, son sus órganos más vitales (…) Cuando las calles de una ciudad ofrecen interés, la ciudad entera ofrece interés; cuando presentan un aspecto triste, toda la ciudad parece triste (…) Cuando la gente dice que una ciudad o una parte de la misma es peligrosa o que es una jungla, quiere decir principalmente que no se siente segura en sus aceras (…)

Esto ya lo sabe todo el mundo: una calle muy frecuentada tiene posibilidades de ser una calle segura. Una calle poco concurrida es probablemente una calle insegura. Pero ¿cómo funciona esto? Y, ¿por qué unas calles son más frecuentadas que otras? ¿Por qué la gente evita en lo posible las aceras de la alameda de Washington Houses, que deberían ser un atractivo para ella? ¿Por qué las aceras de la parte vieja de la ciudad, que linda con ella al oeste, están sin embargo siempre llenas de gente? ¿Y las calles que están llenas la mayor parte del tiempo y que de repente se vacían?

(…) En primer lugar, debe haber una neta demarcación entre lo que es espacio público y lo que es espacio privado. Los espacios públicos y privados no pueden emborronarse, como sucede generalmente en los barrios residenciales o en los complejos de viviendas.

Segundo, ha de haber siempre ojos que miren a la calle, ojos pertenecientes a personas que podríamos considerar propietarios naturales de las calles. Los edificios de una calle equipada, para superar pruebas de los desconocidos y, al mismo tiempo, procurar seguridad a vecinos y desconocidos, han de estar orientados de cara a la calle. No deben dar su espalda ni sus muros a la calle dejándola así ciega.

Tercero, la acera ha de tener usuarios casi constantemente, para así añadir más ojos a los que normalmente miran a la calle, y también para inducir a los que viven en las casas a observar la calle en número y ocasiones suficientes.

*             *             *

Al hablar de seguridad en las aceras de una ciudad, dije lo necesario que era que, en la mente de cada par de ojos presentes hubiera una convicción casi inconsciente que la calle en general le apoyaría cuando se presenta una ocasión para ello (…) Esta convicción tiene un nombre: confianza. La confianza en una calle se hace con el tiempo a partir de muchos y ligeros contactos públicos en sus aceras (…)

Cercanía es una expresión adecuadamente nauseabunda para un viejo ideal de la teoría urbanística. Este ideal es que si las personas comparten algo deben compartir muchas cosas. Aparentemente, una fuente de recursos espirituales en las nuevas zonas residenciales periféricas, la “cercanía” resulta destructiva en las ciudades. La obligación de compartir demasiadas cosas distancia a la gente.

(…) Así, por ejemplo, en un barrio de la ciudad de New York, proyectado –como todas las urbanizaciones residenciales ortodoxas- para compartir muchas cosas o ninguna, una extrovertida mujer se enorgullecía de haber conseguido relacionarse, mediante un esfuerzo deliberado, con las madres de todas y cada unas de las noventa familias de su inmueble. Las visitaba. Las acorralaba en la puerta de sus pisos  o en el portal. Sacaba conversación si se sentaba con ellas en un banco.

Pero sucedió que un hijo suyo de ocho años se quedo atascado cierto día en el ascensor y allí se quedó durante más de dos horas sin recibir ayuda y esto a pesar de que gritaba y golpeaba la puerta. Al día siguiente, la buena señora expresaba su horror a una de sus noventa conocidas. “¿Ah, pero era su hijo?  -dijo la otra mujer. “No sabía de quien era el chico. Si hubiera sabido que se trataba del suyo le habría ayudado”

(…) El contacto público en las aceras y la seguridad pública de estas, aliados, pueden incidir en el más grave problema social de nuestra nación: la segregación y la discriminación racial.

No quiero decir con esto que una cierta manera de proyectar y urbanizar una ciudad, o sus tipos de calles y la vida que en éstas se desarrolla, puedan superar automáticamente la segregación y la discriminación. Para enderezar estas injusticias se requieren muchos otros y muy diferentes esfuerzos.

Lo que sí afirmo es que construir  y reconstruir grandes capitales con aceras inseguras y cuyos moradores sólo tienen la alternativa de compartir mucho o nada, puede hacer muchísimo más difícil a las ciudades americanas la tarea de eliminar la discriminación”

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