PROYECTO DOCENTE “PROYECTOS 8”

REHABILITACIÓN URBANA: ARQUITECTURAS EN EL LÍMITE

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Rehabilitación como proceso de proyecto.
El descriptor Rehabilitación interseca claramente el concepto tiempo. El afijo re- alude indefectiblemente a, al menos, dos momentos o etapas temporales que interactúan entre si: un estado previo y un nuevo estado que establecen un cierto diálogo entre ellos. Las nociones de permanencia y discontinuidad, de identidad, de hábito y transgresión, de límite, de transformación, de Zeitgeist, de patrimonio, de obsolescencia y vigencia, de contemporaneidad, etc. se emparentan nítidamente con el concepto de Rehabilitación y encuentran una clara relación con la docencia de Proyectos 8.

En sí mismo, el término Rehabilitación no remite a una cierta escala, ni a una identidad determinada del objeto al que se aplica. Llevado al campo de la Arquitectura, la escala e identidad del objeto siguen estando muy abiertos. De otro lado, la noción de identidad, tan estrechamente ligada a los conceptos de patrimonio, de conocimiento y de rehabilitación, nos sugiere la pertinencia de asociar a esta asignatura la aproximación y conocimiento de la realidad arquitectónica de lugares que sean tangibles y mensurables por el estudiante.

Destrucción o sanación. Materia y forma.
La recuperación de un edificio como problema arquitectónico, está íntimamente ligada a la idea de Monumento, antesala del término Patrimonio Arquitectónico, que ha centrado una buena parte de la práctica arquitectónica durante los años del posmodernismo -no tanto la teoría- .

La toma de conciencia de la ruina clásica, sobre todo a través de los grabados de Giovanni Baptista Piranesi (1720-78), supusieron no sólo la recuperación arqueológica de un saber, minuciosamente estudiado y recogido en sus grabados, sino la de una actitud pre-moderna ante la Historia. La conmoción o el placer estético sublime, es decir, inexplicable, contrasta con la exactitud arqueológica y los compendios realizados para tipificar y catalogar los fragmentos, cargando por vez primera de un sentido trascendente a la ruina.

La discusión sobre la pertinencia o no de recuperar los edificios en ruinas será la base de discusión entre las teorías rehabilitadoras de Viollet-Le-Duc y el teórico John Ruskin, con las que se abre las puertas de la modernidad.

La defensa de la belleza de la ruina por su valor plástico, como hecho arquitectónico que defiende el escocés, queda bien ilustrada por la frase de Simmel, discípulo de Alois Riegl:

“nos conmueven justamente porque son los signos de una historia que ha cumplido su ciclo y fue concluida: la naturaleza  los cubre con sus enredaderas o disgregándolos con el sol y con el agua, los ha apropiado y asimilado.”

Si la actitud de Simmel -cercana al concepto de “pátina” acuñado por Riegl para medir el valor de culto al monumento- está ligada al grabado piranesiano, también sus “Carceri” lo están a los dibujos del francés Viollet Le Duc, en este caso a través del uso de artilugios estructurales -contemporáneos- que son los que hacen que la ruina esté “activa”.

Centrándose en la arquitectura gótica Viollet-Le Duc promulgará la rehabilitación de estos edificios. El interés de dicha actitud se basa en la puesta en valor del hecho estructural, es decir, de la arquitectura no tanto como un problema estético sino, a su vez, como un problema físico. La materialidad injertada como prótesis estructural será la que distinguirán sus dibujos más propositivos.

En la carta de Atenas, bajo el paraguas de los CIAM, se establece el uso de la prótesis material sobre la ruina, con la intención de poder recuperar la condición estructural de la arquitectura perdida y su forma cuasi museística. La evidente relación de los CIAM con la reconstrucción del mundo después de las dos guerras mundiales, centrando fundamentalmente el esfuerzo en la producción de nuevas arquitecturas, no significa que el discurso sobre la materia no siga estando presente en la modernidad. La puesta en crisis de los CIAM a partir de los postulados del Team X pero, principalmente a partir de los postulados de la Escuelas de Venecia de Tafuri y Milán de Aldo Rossi  con sus teorías sobre Ciudad y Arquitectura, supusieron un auténtico revulsivo a la hora de plantearse la rehabilitación arquitectónica. 

El uso del material, el conocimiento de sus posibilidades centrados en los oficios específicos de la construcción adquiere una importancia relevante: la recuperación de artesanías perdidas, la vuelta y el estudio de tecnologías y procesos constructivos dejados al margen por los “nuevos materiales”, si bien ya presentes en algunos casos como el “art brut” de Le Corbusier, tomarán un peso fundamental a partir de La Carta de Venecia (1964), en la que se propone la recuperación de edificios patrimoniales mediante nuevos usos que resulten afines al edificio original, si el tiempo ha hecho caer en desuso aquel para el que fueron levantados.

A esta vía de acción sobre la arquitectura, a través de la recuperación de la materia mediante el oficio en la construcción -presente en la obra de los arquitectos de la Tendenza, o en figuras del postmodernismo como el último James Stirling o Francesco Venezia- se le implementa otra vía de actuaciones de manos del High-Tech, dada la implicación que los procesos estructurales y de instalaciones tienen en la recuperación de un edificio, y del papel central que juegan estos dos aspectos en este movimiento arquitectónico.

La crisis actual y un cierto sentido ecológico, con indudables profundas raíces en el romanticismo de Ruskin, así como en las posiciones más activas sociales relacionadas con el Situacionismo, han producido algunas intervenciones en las que prima la “inacción” como hecho creativo, que ya señalara Deleuze en la frase de Melville “Preferiría no hacerlo”. Evitando a toda costa la retórica, o la intención codificada a través del estilo, la acción arquitectónica se basa en lo inevitable. En ellas, las actuaciones provienen del propio paso del tiempo, o la aplicación de intervenciones minimizadas y concisas que aseguran el mantenimiento del edificio o un mínimo ajuste para el nuevo uso. La materialidad que se propone generalmente se basa en un estado bruto del edificio pre-existente, desdibujando las ideas de acabado, y propiciando una suerte de “honestidad” de la rehabilitación, muy cercana a ciertos lenguajes artísticos basados en la expresión del material sin apenas manipulación. Trabajos como los del Palais de Tokyo de Lacaton y Vassal, o los primeros trabajos de Zumthor se encuentran en esta vía de actuación.

Mano y máquina: El taller del artista, el taller del artesano, el taller del obrero y el laboratorio.
La Carta de Nizhny Tagil de Julio de 2003 establece las bases de cómo proteger el Patrimonio Industrial. El texto propone una serie de conceptos y actitudes en los que la componente arquitectónica queda relegada a mero acompañamiento de otros posibles intereses. Lamentablemente, la importancia que la edificación industrial ha tenido en el desarrollo de la arquitectura del siglo XIX y XX no es valorada suficientemente.

Así, los valores ambientales de los recintos de este tipo quedan por encima de las cualidades arquitectónicas que posean. La corrección y acierto de sus soluciones constructivas y estructurales, los problemas de la iluminación natural o las relaciones entre interior y exterior movidas por las necesidades funcionales del edificio son los valores que han de interesarnos, por específicos, a los arquitectos, frente a otros que pudieran aportar datos -de seguro, interesantes- pero inespecíficos de nuestra tarea.

Sin duda, el interés por las condiciones ambientales relacionadas con el paso del tiempo, forman parte también de nuestra tarea, ya que la arquitectura es la creación de un lugar, de un ambiente. Pero se ha de distinguir la fascinación personal del momento vivido del ejercicio de nuestra labor. Aldo Rossi afirmaba que “los lugares son más fuertes que las personas, el escenario más que el acontecimiento”. Es por ello que, a la hora de proponer usos nuevos dentro de estos espacios ahora vacíos, se sepa distanciarse tanto de los acontecimientos que motivaron su construcción, como los que mueven a su rehabilitación. Ambos deben reflexionarse y analizarse, pues nos proporcionarán pistas de cómo acceder a su anatomía, pero a su vez se ha de evitar quedar atrapados en los instantes que pasado, presente o futuro ofrecen.

Los espacios del trabajo, y en particular los espacios industriales, ha sido uno de los escenarios más recurrentes para representar la vida del siglo XX. Espacios creados para la producción industrial, ordenada y metodizada, resuelven con eficacia asuntos como la disponibilidad y flexibilidad del espacio, iluminación natural, economía constructiva y estructural, relaciones directas entre interior y exterior… Tanto es así que su transformación para otros tipos de usos para los que fueron realizados ha sido riquísima.

De esa manera, su adecuación al arte, tanto expositiva como creativa, supondrá la apropiación por parte del hombre de un espacio pensado para las máquinas. La antropometría humana que todo arte necesita conquistará en el ideario colectivo el espacio antes gobernado por bielas y tuercas. Domesticado, estos espacios encontrarán una rápida adecuación a un mundo intermedio entre máquina y casa; la oficina o espacio de trabajo vinculado a la industria: el laboratorio.

La búsqueda de una escala humana al espacio industrial estaría vinculada a muchos de estos recursos del lenguaje, que hunden sus raíces en la apropiación de la ingeniería industrial por parte de los arquitectos, en especial por los llamados Maestros del Movimiento Moderno. Y es a través de estos “puentes” creados en el siglo XX entre máquina y hombre por los que se producen los transvases entre la escala arquitectónica humana y la fabril. Desde la imagen de “templo” de la industria, donde el hombre adopta la misma postura extrañada y reverente que ante la abstracción divina, propio de los primeros años del siglo, hasta las propuestas ecoeficientes del High-Tech, donde el espacio de trabajo busca continuamente la escala humana o -como aliada a ella- la de la naturaleza.

En ese sentido ecológico, la búsqueda de sistemas ecoeficientes resuelve uno de los mayores problemas que han de solventarse a la hora de adecuar un espacio construido para la máquina o la mercancía almacenada, la adecuación climática del espacio para el hombre en reposo.

Extracto del contenido teórico del Proyecto Docente, grupos 4.03 y 4,04. En dicho documento se desarrolla este texto con más profundidad y se ilustra con diferentes propuestas, ejemplos y obras construidas.

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