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Antonio Armesto Aira: ENTRE DOS INTEMPERIES. APUNTES SOBRE LAS RELACIONES ENTRE EL FORO Y EL MERCADO. REVISTA Proyecto, Progreso y Arquitectura Nº 2. Publicaciones de la UNIVERSIDAD DE SEVILLA, 2010, 98 páginas


¿Cuál es la utilidad genuina de la arquitectura? ¿Hasta qué punto se contradicen arquitectura y naturaleza? El autor del artículo nos remonta a los orígenes de la humanidad, cuando nuestra especie decidió pararse a construir lugares, que no sólo la protegiesen de las agresiones del medio, sino que además sirvieran para orientar moralmente a los individuos y dotarles de una identidad. Estos dos conceptos intrínsecos en la especie humana, la búsqueda de protección frente al medio exterior (intemperie física) y la protección frente a la desorientación (intemperie moral), se han relacionado históricamente con dos “lugares” arquitectónicos bastante contrapuestos: el mercado y el foro, respectivamente.

Los comienzos de la civilización se remontan a cuando se pudo dominar por primera vez a la naturaleza, no huyendo de ella, sino adaptándose a sus ritmos y creando las bases de la rápida evolución que vendría después. Así aparecieron los cultivos, y con ellos, la necesidad de construir lugares que conservaran alimentos. Se producían auténticos espacios anti-naturaleza, pues en su interior se retrasaban los efectos del tiempo, a la vez que se creaba una discontinuidad en el paisaje. Si bien la construcción de estos lugares arquitectónicos responde a una necesidad física de primer orden, las distintas culturas existentes nos demuestran que la función de la arquitectura no fue únicamente esa. El artículo expone como ejemplo primario el menhir: Un elemento enorme de piedra que no otorga protección física alguna y, sin embargo, su imponente presencia es capaz de conferir la identidad y el sentir a varias generaciones.

¿Por qué se dice que Mercado y Foro son contrapuestos? El mercado es por extensión el “lugar” donde se almacenan (venden, comercian) los productos que van a librar al individuo de la intemperie física; en él todo es dinámico, práctico, basado en los objetos con los que ha de comerciar. En cambio, el “lugar” del foro lleva a la reflexión, es más pausado, prima más lo cualitativo frente a la cantidad, y se basa en la puesta en valor de elementos (como el menhir) que consigan la orientación espacio-temporal. Lugares contradictorios uno respecto al otro que, sin embargo, son necesarios para protegernos de las dos intemperies.

Es evidente la aparente fragilidad del “foro”, que por su carácter de espacio desocupado tiende a ser invadido por las formas modernas del “mercado”, privando actualmente de lugares de reflexión e identificación. Sería un éxito que, desde la arquitectura, consiguiésemos preservar un “lugar” capaz de dotar identidad a una colectividad y de hacerla reflexionar; y de paso, que pudiera mantener la dualidad –contraposición- con el mercado, sin perder sus cualidades.

Pedro Sánchez Cervera

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