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Moneo, Rafael: “On tipology”; Oppositions; verano 1978; nº 13; New York, 1978, pp 22-45.


Moneo, Rafael: “On tipology”; Oppositions; verano 1978; nº 13; New York, 1978, pp 22-45.

¿Qué tienen que ver los poblados de El Oued, en el Sháhara, el poblado de Barakan en Nueva Guinea o el poblado Cheyenne en Western Plains? Similitudes ciertas o no que nos hacen agrupar ideas y objetos comunes. El clasificar lo útil de la arquitectura es lo que pretende Rafael Moneo en su artículo On Tipology en la revista OPPOSITIONS.

¿Qué es lo que lo entendemos por tipo? Este es el objetivo discreto del autor, que mediante ejemplos claros como el análisis de distintas fachadas, plantas, secciones y demás elementos nos hace ver el ejercicio de la tipificación, el objetivo de categorizar la obra. Es en busca del tipo, la agrupación por símiles, lo que nos da así el tipo concreto.

Repasa la historia del “tipo” a lo largo del tiempo. Aclara que “el tipo, que encontraba su razón de ser en la historia, la naturaleza y el uso, no debía, por tanto, ser confundido con el modelo, la repetición mecánica de un objeto.” Es por tanto que el tipo manifiesta la permanencia en el objeto, simple y único, de aquellas características que lo conectaban en el pasado.

Una gran parte del artículo se basa en la obra de Durand. Estudia su concepción de la forma-tipo, su proceso proyectual, su modelo compositivo y propositivo referenciado a los elementos del diccionario arquitectónico de su época.

Por lo que Durand entonces define, que el fin primero de la arquitectura no será ya la imitación de la naturaleza. Establece que la composición quede ligada a las necesidades previas estructurando desde ahí el proyecto, desarrollando por lo que conocemos como el programa, distinto a cada proyecto intrínseco.

Moneo también toca temas como la distinta concepción del tipo del Movimiento Moderno, éste que rechaza el mismo modelo de tipo, alegando que era sinónimo de inmovilidad, que la arquitectura no podía estructurarse desde esa perspectiva. La Bauhaus es la que propone entonces un nuevo cambio de perspectiva, aquella que se basaba en la nueva descripción del espacio físico. Se pasa ahora en la nueva abstracción del espacio y la nueva manera de entender y ver los nuevos objetivos de la arquitectura.

MONEO, RAFAEL_La soledad de los edificios


Rafael Moneo: “La Soledad de los Edificios/The Solitude of Buildings”; El Croquis; 2004; Madrid: El Croquis. p. 608-615.

*CONFERENCIA CÁTEDRA KENZO TANGE, pronunciada el 9 de marzo de 1985 con motivo del nombramiento de Rafael Moneo como Chairman del Departamento de Arquitectura de la Escuela de Diseño de la Universidad de Harvard.

Moneo introduce el discurso mediante una breve presentación de sus intenciones. En esta conferencia, basada en tres edificios suyos (Bankinter, Museo Romano de Mérida y el Ayuntamiento de Logroño) nos va a definir cuál es su pensamiento con respecto a la arquitectura.  Es en el  párrafo inicial dónde nos define el principal aspecto de este pensamiento: la arquitectura no se puede entender sin la materia, el proyecto arquitectónico no es arquitectura sin una materia que la justifique. La arquitectura es construcción, es realidad construida, y no utopía, divagación, diseño o cualquier otro de los términos que utiliza.  La construcción de la arquitectura nos introduce en la dimensión de lo real, que en el proyecto solo se intuía; el pensamiento arquitectónico se convierte en arquitectura cuando se materializa en su forma construida y a través de sus materiales.  Y solo a través de la humildad de conocer los materiales, sus restricciones  y las limitaciones del acto de construir llegamos  a la arquitectura. Citando a Moneo, “sólo ajustándose y aceptando los límites y las restricciones que el acto de construir comporta, la arquitectura llega a ser lo que es realmente”.

Basándose en esta idea ataca a la concepción imperante desde unos años antes de que  la arquitectura es diseño, reduciéndola a diseño y reduciendo la labor del arquitecto a diseñar:   “[…] el aprendizaje se basa en la convención inherente a los diseños y modelos: por esto somos propensos a admitir que en ellos residen la disciplina completa”.  ¿Por qué se produce esto? Moneo da diversas razones a lo largo de todo el texto.  En primer lugar el abandono del interés por la construcción: los arquitectos se  centran solo en la labor de diseño para evitar lo que Moneo denomina “contaminación”, ese contacto con la realidad que hace sufrir al arquitecto. El resultado son siempre bellos diseños e intenciones pero no arquitectura, a ojos de Moneo.

Esta situación hace que “la arquitectura se resienta porque los edificios parecen el mero reflejo de un diseño, o la representación física y directa de un proceso”.  Esto cambia la relación entre la realidad y el edificio pues se convierten en diseños sin relación con la realidad propia del edificio: el diseño es la marca del edificio, tal y como dice Moneo: “Aquellos edificios que se basan de modo tan exclusivo en la definición del arquitecto, y están así desligados de la actividad edificatoria, que su única referencia es el diseño”. Pero para Moneo un buen diseño es, ante todo, un diseño constructivo, no la tiranización de la técnica para obtener un diseño, de una forma,  sino la obtención de un diseño desde la técnica constructiva. La situación es tal que “Todos los arquitectos ignoran como será construida una obra”, pues se han centrado únicamente en el diseño. “Hace un tiempo no era así, cuando los arquitectos primero pensaban la realidad de los edificios y después los diseños con los cuales podían describirlos: hoy se han invertido los términos de dicha relación.”

Y así, uno de los rasgos que mejor define la arquitectura contemporánea es la inmediatez: “Lo que significa que la arquitectura busca ser directa e inmediata; simple extensión dimensional del diseño; porque los arquitectos quieren conservar la fragancia de sus diseños.” Al primar el diseño sobre lo construido, hace que la obra entre en el campo de lo personal;  la arquitectura se convierte en expresión de autor, una afirmación personal y expresionista.  Pero la arquitectura no es esto. No es una obra de arte individual, se desarrolla en otras dimensiones que nos hablan de lo público, y también del lugar, de la historia… La arquitectura, como dice Moneo  “significa un compromiso  público”. “No pienso que podamos llamar arquitectura a las tentativas de ciertos artistas, que confunden nuestra disciplina con cualquier experiencia tridimensional, producen objetos desconocidos, que a veces tienen que ver con la mimesis de la naturaleza, y otras con alusiones a un mundo de máquinas inútiles.”

Sin esa conexión del pasado entre proyecto y producción, los constructores quedan convertidos en instrumentos y la técnica queda sometida. Ya no existe esa relación íntima entre arquitectura y construcción. Para Moneo la arquitectura no debe estar determinada pero sí se deben  aceptar las técnicas y usar los sistemas constructivos como paso previo al proceso de invención formal que es el proyecto.  De este modo se reafirma la idea de arquitecto como constructor, como conocedor de la técnica constructiva, un conocimiento riguroso que se convierta en uno de los pilares en que se base la invención formal. Puede que en parte la desaparición del conocimiento constructivo como paso previo al diseño ha sido causado por la flexibilidad que la técnica ha ido alcanzando.  Antes forma  y construcción iban de la mano,  “Hoy a la técnica, gracias a su flexibilidad, se le permite desaparecer, tanto en la arquitectura como en el proceso de pensamiento que la examina.

La arquitectura siempre ha pretendido mostrar una imagen arbitraria,  resultado de un diseño ex profeso, pero esta arbitrariedad se diluía en cierto modo en la construcción, pues antiguamente existían límites que realmente definían las posibilidades de creación de la forma. Pero en  el momento en el que se aleja a la construcción de la arquitectura la arbitrariedad se vuelve mucho más potente y “cuando la arbitrariedad llega a ser claramente visible en los edificios, la arquitectura ha muertodesaparece”.

Otro valor que preocupa  es la pérdida de la perennidad de la arquitectura: si la arquitectura se entiende como objeto, más cercano al arte que a la arquitectura, se convierte en algo efímero y transitorio. Si en otro tiempo se construía ‘para siempre’, sin tener en cuenta la temporalidad,  en la actualidad se construye asumiendo que no durará para siempre. Además la arquitectura efímera facilita su inmediatez.

Esta discusión sobre todos estos aspectos Moneo la considera fundamental, y cree que las escuelas deberían darle cabida.  Aún así, dice, quiere dar respuesta a algunos aspectos que ha planteado. Ante todo recalca que la arquitectura es una actividad compleja y con muchas presencias donde la inmediatez y la fantasía no son determinantes ni mucho menos protagonistas.

Moneo anima a conocer la satisfacción de la construcción a la vez que el tan valorado diseño. Reflexiona sobre el modo de introducir en la arquitectura a los alumnos: hay que familiarizarse con la historia pasada, con la manera de hacer arquitectura antes.

Casi al final de su conferencia nos introduce a su “teoría” de la soledad de los edificios: “los edificios no son propiedad exclusiva de los arquitectos […] creo que la presencia del arquitecto desaparece rápidamente y que, una vez terminado, los edificios emprenden una vida por su cuenta.” Los arquitectos son los edificadores, son los creadores, y como creadores manifiestan sus deseos, expresan un empeño y una dedicación, pero todo ello, cualquier tipo de afirmación personal, desaparece en el momento en que el edificio toma vida, y se comienzan a desarrollar los acontecimientos.  “El edificio se alza aislado”, se libera y queda solo, es entonces cuando se convierte en edificio “dueño de sí mismo”; la arquitectura es independiente, se vive.

MONEO, Rafael: Melnikovianos españoles. Revista Arquitectura Bis, nº6, pp.15-16, marzo 1975.


MONEO, Rafael: Melnikovianos españoles. Revista Arquitectura Bis,  nº6, pp.15-16, marzo 1975.

Isabel Gómez García

Este artículo de Rafael Moneo pertenece a la revista Arquitectura Bis, al número de Marzo de 1975. En 1973, Moneo había creado su propio estudio, por lo que en el momento en el que escribe este texto llevaba ya dos años compaginando su trabajo en el estudio con las clases en la Escuela de Arquitectura de Barcelona, donde daba clases desde hacia cinco años. Además Moneo había estado dos años becado en la Real Academia de Roma, algo que tuvo gran influencia posteriormente en su vida profesional. En estos años además es cuando comienza a colaborar con la revista Arquitecturas Bis, revista a la que pertenece este artículo y en la cual sigue escribiendo durante muchos años.

Este texto tiene su principal razón de ser en la muerte de Melnikov, un arquitecto reconocido en su momento pero tras el cual la sociedad no vuelve a acordarse de él hasta su muerte. Moneo introduce a este arquitecto mediante la referencia a otros, a sus obras y a la estrecha relación entre el estilo de estas con  el estilo creado por Melnikov.

A partir de la muerte de Melnikov y, aparentemente a modo de homenaje, Moneo escribe este texto teniendo así la excusa perfecta para establecer una relación entre la arquitectura española de los años 50 y las vanguardias, especialmente con el constructivismo. Utiliza esta relación para hacer ver que las vanguardias, a pesar de las muchas discusiones que conllevaron, surtieron poco efecto, pues si en los años 20 los constructivistas rusos tuvieron discusiones sobre la construcción de la arquitectura con una simple idea de geometría, tres décadas más tarde, en los años 50 españoles esta problemática seguía presente, ya que se seguían utilizando las mismas formas para construcciones tanto de colegios, naves industriales, guarderías, etc. sin importar cual fuera el contenido o a lo que estaba destinado, es como dice Moneo, la construcción como volumen por encima de cualquier caracterización tipológica.

Comienza hablando de la importancia que tuvo la escuela de Herrera de Pisuerga de Corrales y Molezún en la arquitectura del momento de España, la sitúa como el modelo que siguieron muchos otros edificios en nuestro país para la realización de sus cubiertas. Sin embargo, todo este aparente interés por Corrales y Molezún en el fondo no lo es tal y, entrelíneas, podemos entender que lo que pretende es hacer ver es como este modelo no es la idea original, sino que Corrales y Molezún tomaron la idea de Melnikov y, es por tanto él y sus cubiertas a dos aguas cruzadas, quienes influyeron enormemente en la España de los años 50. Así pues, podríamos decir que el objetivo de fondo que Moneo pretende lograr es hacernos reflexionar sobre los errores de intentar adaptar una arquitectura como volumen en cualquier espacio y para cualquier uso sin atender a las claves que pueda darnos el entorno. Es, en parte,  darle un sentido a esos “mapas de arquitectura” que hemos desarrollado antes de cualquier ejercicio, es saber quedarnos con esas capas o aspectos que más nos interesan de nuestro entorno para conseguir que nuestros edificios no sean un simple volumen que pueda colocarse en cualquier punto del planeta, sino que sea un volumen generado a partir del entorno y que nos hable del mismo.

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